
Una corriente perceptible junto a una ventana no es un detalle menor, especialmente en una vivienda de nueva construcción, una rehabilitación premium o una promoción donde la eficiencia energética forma parte del valor del activo. Cuando un propietario se pregunta por qué entra aire por las ventanas, la respuesta rara vez está en un único componente. Puede intervenir la carpintería, el vidrio, las juntas, el encuentro con la fachada o, con frecuencia, la instalación.
El efecto se traduce en menor confort térmico, mayor demanda de climatización, entrada de polvo y ruido y, en casos persistentes, riesgo de condensaciones. La solución adecuada no siempre consiste en sustituir todas las ventanas: un diagnóstico técnico permite decidir si basta con un ajuste, si conviene reparar el sellado o si el rendimiento exigido justifica una renovación completa del cerramiento.
Por qué entra aire por las ventanas: causas habituales
El aire exterior busca cualquier discontinuidad entre el interior y la fachada. Cuanto mayor es la diferencia de presión provocada por el viento, la altura del edificio o los sistemas de ventilación, más evidente resulta la infiltración. En la Costa Blanca y Murcia, además, la exposición solar, la salinidad en zonas cercanas al mar y las rachas de levante aceleran el envejecimiento de ciertos materiales y hacen visible un problema que en otras épocas puede pasar desapercibido.
Juntas deterioradas o mal comprimidas
Las juntas perimetrales son la primera barrera frente al aire y al agua. Con el tiempo pueden endurecerse, deformarse, perder elasticidad o quedar sucias. También puede ocurrir que la hoja no ejerza suficiente presión sobre ellas, aunque la junta parezca estar en buen estado.
Es una incidencia frecuente en ventanas con años de uso, pero también en sistemas nuevos que no se han regulado correctamente tras la instalación. Una junta reemplazada sin ajustar herrajes puede mejorar poco o nada. Por eso conviene analizar el conjunto: junta, cierre, galces y presión de contacto.
Herrajes desajustados y hojas descolgadas
Una ventana practicable, oscilobatiente o corredera trabaja con tolerancias precisas. Si la hoja ha cedido unos milímetros por uso, peso del acristalamiento o una regulación inicial insuficiente, deja de apoyar de forma homogénea en todo el perímetro. El aire suele entrar entonces por las esquinas superiores, el lateral de cierre o la zona inferior.
En muchos casos, la corrección es rápida y rentable: nivelado de hoja, regulación de bisagras, cierre y puntos de presión. Sin embargo, el ajuste solo será efectivo si el perfil conserva su geometría y las juntas mantienen su capacidad de recuperación.
Sellado deficiente entre marco y obra
Una ventana puede tener excelentes prestaciones de laboratorio y comportarse mal en el edificio si la unión entre el marco y el hueco de fachada no se ha resuelto correctamente. La espuma de poliuretano por sí sola no constituye un sellado estanco duradero. Puede rellenar, pero necesita protegerse y complementarse con soluciones que gestionen la estanqueidad al aire por el interior y la protección frente al agua por el exterior.
Las grietas en el revestimiento, los tapajuntas mal rematados o una silicona envejecida pueden delatar este problema. En obra nueva, este punto merece especial atención porque una deficiencia aparentemente oculta puede afectar a múltiples viviendas y generar reclamaciones posteriores.
Carpinterías con prestaciones insuficientes
No todas las ventanas están diseñadas para las mismas exigencias. Un perfil básico, una corredera convencional o un sistema sin rotura de puente térmico puede resultar adecuado en determinados usos, pero tendrá límites claros ante grandes luces, fachadas expuestas o expectativas altas de aislamiento.
La permeabilidad al aire es una prestación clave. Indica cuánto aire puede atravesar el cerramiento bajo una presión determinada y se clasifica de 1 a 4, siendo la clase 4 la más exigente. Para una vivienda de gama media-alta, una promoción residencial bien resuelta o una fachada expuesta, seleccionar sistemas de alta estanqueidad no es un lujo: reduce incidencias, protege el confort y refuerza el posicionamiento del inmueble.
Encuentros complejos en correderas y grandes acristalamientos
Las correderas aportan continuidad visual, luminosidad y una relación muy atractiva entre interior y exterior. A cambio, su diseño presenta más exigencia técnica que una ventana practicable. Los sistemas elevables de alto rendimiento, con cierres perimetrales y perfiles de precisión, ofrecen resultados muy superiores a las correderas básicas, especialmente en grandes dimensiones.
También conviene revisar cajones de persiana, encuentros con guías, premarcos y zonas de drenaje. Sellar indiscriminadamente un drenaje puede causar filtraciones de agua. La intervención debe respetar la lógica constructiva del sistema, no limitarse a aplicar más silicona.
Cómo localizar el origen de la entrada de aire
Antes de invertir en una sustitución, es recomendable comprobar cuándo y dónde aparece la corriente. Si se intensifica con viento, el problema suele estar relacionado con la estanqueidad. Si se percibe solo en invierno y cerca del vidrio, puede tratarse de una sensación de convección por una superficie interior fría, no necesariamente de una infiltración de aire exterior.
Una comprobación sencilla consiste en acercar una tira fina de papel al perímetro de la hoja y al encuentro entre marco y pared en un día ventoso. Su movimiento puede orientar el diagnóstico. También puede utilizarse humo generado de forma segura por un profesional, pero estas pruebas no sustituyen una inspección técnica.
En proyectos de mayor escala o cuando se busca verificar el comportamiento global de una envolvente, el ensayo de estanqueidad y la termografía aportan información mucho más fiable. La cámara térmica permite detectar puentes térmicos y zonas anómalas; el ensayo de presurización ayuda a localizar fugas que no son visibles a simple vista. Son herramientas especialmente útiles en promociones, rehabilitaciones energéticas y viviendas con altos estándares de confort.
Ajustar, reparar o sustituir: la decisión que optimiza el presupuesto
La respuesta depende del estado real del cerramiento y del objetivo del proyecto. Reparar es razonable cuando la carpintería tiene buena calidad, el vidrio cumple su función, el problema está localizado y los perfiles no presentan deformaciones. Ajustar herrajes, sustituir juntas y rehacer sellados puede recuperar buena parte de la prestación con una inversión contenida.
La sustitución adquiere sentido cuando confluyen varios factores: perfiles antiguos sin aislamiento adecuado, vidrios simples o poco eficientes, cierres desgastados, falta de estanqueidad generalizada y necesidades acústicas o térmicas superiores. En esos casos, prolongar reparaciones parciales puede ser menos rentable que instalar un sistema nuevo correctamente dimensionado.
Para una promoción, no basta con elegir la ventana de mayor prestación. Hay que encontrar el equilibrio entre orientación, tipología de fachada, superficie acristalada, altura, exposición al viento, presupuesto y público objetivo. El aluminio con rotura de puente térmico permite soluciones esbeltas y grandes formatos; el PVC ofrece una excelente eficiencia en configuraciones residenciales; el acero responde a proyectos con requisitos estructurales o estéticos específicos. Cada material puede ser la decisión correcta según el caso.
La instalación define el rendimiento final
Un cerramiento de alta gama no compensa una instalación deficiente. La medición, la preparación del hueco, la fijación mecánica, el calzado del marco y el sellado interior y exterior deben formar parte de una misma estrategia. El objetivo es crear una continuidad efectiva entre la ventana y la envolvente del edificio.
En Prestilux, el análisis no se limita al perfil o al precio por unidad. Se revisan las necesidades reales del proyecto para proponer sistemas que combinen diseño, eficiencia, durabilidad y viabilidad económica. Esta visión resulta relevante tanto para un propietario que busca eliminar corrientes en su vivienda como para una promotora que necesita reducir incidencias y mantener controlado el coste de ejecución.
Qué pedir en un presupuesto técnico de ventanas
Un presupuesto útil debe identificar la serie de perfil, el tipo de apertura, la composición del vidrio, las prestaciones de permeabilidad al aire, estanqueidad al agua y resistencia al viento, además de los remates e instalación previstos. Si hay persianas, cajones o grandes correderas, deben especificarse también, ya que son puntos decisivos para el comportamiento final.
Conviene desconfiar de las propuestas que comparan ventanas solo por material o por precio. Dos carpinterías de aluminio pueden ofrecer resultados muy distintos según la serie, la rotura de puente térmico, las juntas, el herraje y el acristalamiento. Lo mismo ocurre con el PVC o con cualquier sistema de corredera.
Una ventana bien resuelta no debería llamar la atención por una corriente, un silbido con viento o un marco frío al tacto. Debe permitir que la arquitectura haga lo que se espera de ella: aportar luz, vistas y diseño sin convertir cada cambio de tiempo en una pérdida de confort.






